Samuel Lafone Quevedo

Humanista, arqueólogo, historiador,  etnólogo, músico, empresario minero. nace en Montevideo  en 1835, se gradúa en  la Universidad de Cambrige, vive y trabaja en Andalgalá, Catamarca. Muere en La Plata donde fue director del Museo Antropológico en 1920.
Obras
Las industrias de la provincia de Catamarca 1881
Londres y Catamarca  1888
Fastos de Catamarca  1892
Refundación de la ciudad de Londres  en 1607 en la ciudad de Belén, Valle de Famaifil  1896
Historia de la Virgen del Valle  1897
Tesoro de catamarqueñismos  1899
Las ruinas de Pajanco y Tuscamayo  entre Siján y Pomán  1902
Viaje arqueológico a la región de Andalgalá 1905
Tipos de alfarería en la región  diaguito-calchaquí  1908”
El idioma avipón
Etnología argentina
Los lules

LafoneQuevedo

La vida y la obra de Samuel Lafone Quevedo están intimamente ligadas a Catamarca por su trayectoria y el amor a esta tierra, que lo cobijó con cariño en gran parte de su vida.

Nació en Montevideo, República Oriental del Uruguay, el 28 de Febrero de 1835, en el hogar conformado por Samuel F. Lafone, comerciante inglés y Doña María Pietro de Quevedo. Esta particularidad de llevar sangre inglesa y americana le marcó su vida.

Luego de una niñez tranquila y sin sobresaltos, viajó con 15 años a estudiar a la afamada Universidad de Cambridge en la tierra de su padre. En estos años obtuvo el título de “Maestro de Artes”. Mientras duró su estadía en Inglaterra prosiguió y perfeccionó sus conocimientos en Latín, Griego y Filología.

Bajo la tutela de su padre adhirió a la religión protestante, que le ocasionaría algunos problemas a la vuelta a Sudamérica.

Concluida esta etapa, acompañó a su padre en 1858 en viaje de negocios. Corno muchos ingleses del siglo XIX se lanzaron a recorrer parte del país en busca de negocios, que les permitiría prosperar económicamente.

Así con esta finalidad llegaron a Catamarca donde se instalaron. Partieron luego a explorar los cerros y quebradas de los departamentos del Oeste de la Provincia en busca de Minas de Oro; conocedores y expertos en el tema fijaron su establecimiento en “Pilciao” Departamento de Andalgalá.

Se constituyó así en el iniciador y a la vez precursor de la Industria Minera de nuestra provincia, convirtiendo a estos lejanos páramos gracias a su férrea voluntad en un centro de actividad industrial e intelectual.

En Pilciao, su casa y establecimiento minero se diseñaron los rumbos de una época de corto esplendor. El arduo trabajo diario del minero, era acompañado por tardes y noches de estudio y formación de un fuerte sentimiento cristiano en el pueblo trabajador.

Convirtió a su casa en un centro de reunión de las principales figuras de las ciencias del momento. Por sus amplios salones desfilaron hombres como Juan B. Ambrosetti, Federico Schikendantz, Lillo, Adán Quiroga y Ernesto Padilla entre otros. Con estos ilustres visitantes Lafone alternaba charlas, discusiones y salidas campestres.

Aprovechaba sus ratos libres, para dedicarlos a una pasión: la investigación Arqueológica e Histórica. Con tal fin estudiaba sin desvelos las lenguas aborígenes de la zona, para comprender ese rico pasado, que muy generosamente la tierra le ofrendaba.

Bajo su impulso y dirección la educación se convirtió en actividad primordial. Fundó escuelas en lugares alejados en los que muchos niños aprendieron sus primeras letras. Del mismo modo las escuelas cumplieron con otra finalidad humanitaria: ser el hogar de niños huérfanos y abandonados de hogares muy pobres de todo el Oeste de la Provincia.

Quizás uno de sus aspectos más pintorescos fue la creación de su propia orquesta musical. Con ella amenizaba sus días, dirigiendo y preparando los repertorios que sus discípulos de Pilciao ejecutaban con gran destreza.

En medio de agreste y conmovedor paisaje, su espíritu incansable se aferró a la firme vocación de consagrarse de lleno a la investigación científica. Fruto de este trabajo, a partir de 1883 innumerables artículos, salidos de su pluma, llenaron páginas de revistas científicas de las principales universidades del país

De sus obras destacadas, resaltan el amor a la tierra generosa que lo cobija. Así publica “Tesoro de Catamarqueñismo”, obra de la literatura regional, que aborde con serenidad el estudio de esta tierra, “Londres y Catamarca”, donde realiza un relato heroico del pasado de la provincia.

Hacia 1890. Los problemas financieros y la debacle de las economías provinciales terminaron por arruinar el establecimiento de Lafone, quien se vio obligado por las circunstancias a mal vender sus pertenencias y a partir a otros rumbos.

Sus últimos años los transcurrió apasiblemente en la ciudad de La Plata, donde se dedicó a la actividad académica.

Su aporte a la Cultura es invalorable destacándose como miembro de la “]unta de Historia y Numismática Americana”. Ejerció la docencia la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, para luego dirigir el Museo de La Plata. Allí volcó todo su saber y; las décadas de estudio en lejanos lugares de Catamarca le permitieron un panorama más amplio y completo del pasado de nuestro país.

La muerte le sorprendió con 86 años, un 19 de Junio de 1920 provocando sorpresa, dolor y tristeza por la desaparición.

Aún la memoria de Samuel Lafone Quevedo pervive en el recuerdo de los catamarqueños como un hombre símbolo de días de gloria, cuando todo era posible y cuando el destino parecía permitir al hombre, hacer lo imposible.La prensa reflejó la lamentable noticia como una pérdida para la cultura y la sociedad.

Extraido de  www.catamarcaguía.com.ar / Biblioteca Municipal Ramón Rosa Olmos

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